Raffel Pagès, el maestro de las peluquerías nos deja a los 78 años

Las peluquerias de barcelona lloran la muerte de raffel pagès

Raffel Pagès, peluquero, empresario y también historiador de la profesión, falleció en Barcelona a los 78 años durante la madrugada del domingo 9 de mayo.

Considerado un referente internacional de la peluquería, fue fundador y director de la cadena de salones Raffel Pagès, una firma que creció desde Barcelona hasta consolidarse como una de las marcas más reconocibles del sector.

Quienes lo trataron lo describen como alguien que entendía la peluquería desde un lugar poco habitual: no como un servicio mecánico, sino como una creación de imagen. Esa visión se apoyaba en su curiosidad artística (pintar, escribir, esculpir) y en una idea constante: la técnica importa, pero el resultado solo cobra sentido cuando conecta con la persona.

Sus inicios: París, Carita y una manera distinta de mirar la belleza

Raffel Pagès provenía de una familia ligada a la peluquería, pero su punto de inflexión llegó cuando pudo trabajar en París con la firma Carita, junto a Rosy Carita, a quien siempre se ha señalado como maestra y mentora. En aquel entorno, aprendió a unir disciplina, estética y sensibilidad en un mismo oficio.

Ese París de glamour y tendencias también le sirvió para reforzar su identidad creativa: no se trataba solo de “hacer peinados”, sino de comprender proporciones, luz, textura y movimiento. En otras palabras: construir una imagen coherente con la persona que se sienta en la silla.

Tras volver a Barcelona, trabajó en la peluquería familiar de la calle Muntaner con su padre y su hermano. Más adelante abrió su propio salón en Sarrià, en la calle Reina Elisenda, iniciando una etapa de consolidación local que acabaría proyectándose hacia fuera.

“Peluquería emocional”: oficio de diálogos y silencios

A mediados de los años 70 empezó a viajar por Europa participando en shows, atelieres y seminarios. En esos espacios difundió una idea que marcó su discurso: la “peluquería emocional”, entendida como un trabajo donde importan tanto las manos como los sentidos, la escucha y la relación con el cliente.

En su enfoque, la conversación y el silencio eran herramientas profesionales. No es un detalle menor: en un sector donde la confianza lo cambia todo, el método también es trato. Esa filosofía terminó impregnando la identidad de la marca: una estética fresca, urbana y versátil, capaz de adaptarse sin perder reconocimiento.

Salón de Raffel Pagès en Barcelona, referente de peluquería

Más allá de la técnica, su figura quedó asociada a una forma de estar en la profesión. Para muchos compañeros, Pagès representó un estándar: criterio estético, exigencia, y una ambición creativa difícil de imitar.

Formación, equipo creativo y expansión: cuando el método se convierte en marca

Para Raffel Pagès, la formación no era un complemento: era la base. Defendía que un peluquero debe aprender toda la vida, porque la moda cambia, las técnicas evolucionan y el cliente llega con nuevas expectativas. Esa visión explica por qué apostó por crear estructura formativa dentro de su propio ecosistema.

En 1992 inauguró su Instituto de Perfeccionamiento, por el que han pasado miles de profesionales. Ese impulso formativo fue clave para que la firma ganara consistencia y pudiera escalar manteniendo estándares, algo especialmente complejo cuando una marca crece en número de salones.

Las 4 “I” del éxito según Raffel Pagès

Una de sus ideas más citadas en el sector resume su estrategia en cuatro verbos: invertir, investigar, intuir e innovar. No hablaba de intuición como improvisación, sino como lectura de tendencias y del contexto social; y de innovación no como moda, sino como mejora medible en técnica, procesos y resultados.

Dentro de esa lógica, el Equipo Creativo Raffel Pagès funcionó como laboratorio de imagen: desarrollo de conceptos en salón, trabajo editorial y participación en desfiles. Para Pagès, la pasarela no era solo espectáculo: era un diálogo directo con la sociedad y con lo que la gente empieza a pedir antes de saber cómo nombrarlo.

  • Invertir: en talento, herramientas y estructura (no solo en marketing).
  • Investigar: técnicas, texturas, productos y comportamiento del cabello.
  • Intuir: anticipar gustos reales, no solo tendencias de escaparate.
  • Innovar: convertir ideas en método replicable dentro del salón.

Ese enfoque explica por qué la firma se percibe como una marca con personalidad propia. Cuando una peluquería tiene método, el cliente nota coherencia y seguridad, incluso aunque el estilista sea distinto.

El Museo de Historia de la Peluquería: memoria, arte y oficio

Su pasión por el arte y la historia lo llevó a coleccionar desde 1960 objetos vinculados a la peluquería. Años después fundó en Barcelona el Museo de Historia de la Peluquería, situado en la Rambla de Catalunya, donde se exhiben miles de piezas que recorren la evolución del oficio.

El museo no es solo una curiosidad: funciona como recordatorio de que la peluquería tiene cultura, técnica, estética y contexto social. En tiempos de tendencias rápidas, esa mirada histórica aporta algo esencial: criterio.

En los últimos años recibió reconocimientos como el “Hair Legend Award” en Londres, otorgado por la Asociación Internacional de Prensa de Peluquería (AIPP) en el marco del Alternative Hair Show. Mientras tanto, siguió ampliando su museo y acompañando la dirección de la firma junto a sus hijas, Quionia y Carolina Pagès, que continúan al frente del proyecto familiar.

Legado en Barcelona: qué deja Raffel Pagès en la profesión

Su nombre queda asociado a una idea potente: la peluquería como oficio creativo y humano a la vez. No se trata únicamente de tendencias, sino de interpretar, proponer y ejecutar con respeto. En el día a día, eso se traduce en diagnóstico, comunicación y técnica trabajando juntos.

Para el sector, deja también un modelo: formación continua, cultura de equipo y una marca con identidad clara. Para el cliente, deja una enseñanza sencilla: el mejor cambio de imagen no empieza con una tijera, sino con una buena conversación y una propuesta que encaje con la vida real.

Preguntas frecuentes sobre Raffel Pagès

¿Por qué se le considera un referente? Por su aportación a la formación, su visión artística, la creación de una marca sólida y su influencia en cómo se entiende la imagen en peluquería.

¿Qué es la “peluquería emocional”? Una forma de trabajar donde la técnica se acompaña de escucha, sensibilidad y lectura de la persona; el proceso importa tanto como el resultado.

¿Dónde está el Museo de Historia de la Peluquería? En Barcelona, en la Rambla de Catalunya, con una colección que recorre la historia del oficio.

Si quieres honrar su legado de manera práctica, el mejor punto de partida es simple: apostar por formación real, criterio estético y un método de trabajo que ponga a la persona en el centro. Eso, más que cualquier tendencia, es lo que perdura.